Citerón IV (2003)
Fotomontaje a color sobre dibond
90,5×115 cm
Colección BA
No. Registro: 2003.29.1
Ixone Sádaba nombra, en sus impresionantes fotografías, un lugar mítico, el monte Citerón, ese territorio en el que las bacantes, las mujeres salvajes imponen su desorden. Ese es el espacio en el que encontrará la muerte por despedazamiento Penteo, seducido por Dioniso, el otro que es, en buena medida, el mis- mo, aquel que impulsa y compromete a la visión. El deseo del voyeur y el delirio de la madre llevarán al horror de una cabeza sobre una pica sostenida por aquella que, en todos los sentidos, dio vida. Es significativo, insisto, como Ixone Sádaba recurre a un relato de furor y violencia para emplazar sus micro-relatos fotográficos que, como ya he indicado, giran, sin cesar, en torno a la gemelaridad. «Nos engendran como gemelos pero casi todos nacemos siendo únicos. Desde el principio nos consideramos gemelos, pero luego uno de nosotros desaparece. Juntos, los gemelos iniciales se enfrentan a fuerzas primitivas y desbrozan un espacio en este mundo en el que nos será posible domar caballos, labrar la tierra, sobrevivir al rayo; luego, uno devora al otro. El gemelo que desaparece deja tras de sí un cuerpo tan seco y delgado como un papiro». En torno a esa duplicidad aparece lo inhóspito, la fascinación, el temor sacrificial y, por supuesto, la necesidad de establecer ceremonias, procesos creativos. (Fernando Castro)
Sádaba aborda sus intereses mediante la fotografía, la instalación y el arte escénico, explorando de manera constante los límites de la naturaleza individual y violenta de la humanidad, a través de lo que ella denomina “escenarios políticos”. La fotografía funciona como un laboratorio de estudio de campo, a través del cual cuestiona la mirada y sus convenciones, más allá de los marcos normativos que definen o pretenden definir la imagen. Su investigación se focaliza en los límites del individuo y en las tensiones inherentes a las nociones de identidad y de agencia.

