Monumentos vivos y plagas biológicas II (2020)
Cianotipia sobre papel de algodón
70 x 100 cm
Colección BA
No. Registro: 2020.238.1
La franja norte peninsular está salpicada por palmeras indianas. Como faros esbeltos, su altura nos avisa, señala, que “allí vivía uno que había logrado hacer las Américas”. Aquel movimiento migratorio de finales del XIX y principios del XX que obligó a miles de personas a emigrar a ultramar, forzados por una situación económica insostenible, nos legó la figura del indiano. En las casas que construyeron a su regreso en sus pueblos de origen, plantaron palmeras que compraban en Canarias. Aquellas palmeras eran, y siguen siendo aún, exóticas, símbolo de poder y conquista desde que Cristóbal Colón las mencionara en su primer viaje. En el año 2013, se documenta en Gondomar (Vigo) el que será el primer caso de ataque de Picudo Rojo: considerada especie invasora, infecta la primera palmera indiana, lo cual sugiere un preludio de lo que será el avance por todo el norte peninsular en el que se localizan estos ejemplares centenarios.
En el mismo año, en la ciudad de Buenos Aires, el monumento a Cristóbal Colón es sustituido por el de Juana de Azurduy como parte de una política decolonial. Ocupando la plaza trasera de la Casa Rosada, emplazamiento de cabecera que traza un eje simbólico de poder conectando el Congreso y el Gobierno de la Nación, las figuras son contrarias en la dirección de su mirada, teniendo este dato un marcado significado político. Colón miraba en dirección a Europa y Juana mira hacia América.
Esta coincidencia en el tiempo fundamenta en esta investigación la génesis de una paradoja que podemos considerar sintomática. Estableciendo una revisión de ambos hechos como acontecimientos interrelacionados de los efectos del colonialismo, Rojoultramar, relaciona la crisis ambiental con la injusticia social derivada del colonialismo, observando la vigencia de símbolos en el paisaje y su respuesta a las continuidades del capitalismo. Buscando la conexión entre migraciones forzosas -de seres humanos y no humanos- en momentos históricos distintos, e investigando el paisaje como una construcción cultural que retrata nuestra memoria e identidad, explora problemáticas ecológicas y político-sociales, y los nuevos retos a los que se enfrenta la preservación de la memoria, la cultura y la identidad.
El archivo visual acumulado se convierte en material para una investigación plástica desde la cianotipia. Esta técnica de fotografía analógica se vincula al proyecto en dos direcciones: históricamente, al tratarse de una técnica decimonónica, época del movimiento migratorio indiano; y simbólicamente, a través de su intenso color azul ultramar, a los procesos migratorios y comerciales.
Desarrollando este trabajo sobre monumentos y plagas biológicas, Rakel busca estrategias de visibilización de la construcción visual y simbólica contemporánea. Mapas, esquemas, documentos, rutas y estudios botánicos significan el complejo diseño de un relato no lineal, desde el que esbozar una relectura de la política decolonial.
Rakel Gómez Vázquez vive y trabaja entre Madrid y Bilbao. Artista e investigadora, es licenciada en Bellas Artes por la UPV/EHU. Su producción plástica entiende la creación como investigación, y se articula como una documentación expandida ecofeminista. Explora el paisaje con un enfoque ecocrítico, relacionando la crisis ambiental con la injusticia social derivada del colonialismo, y observando su respuesta a las continuidades del capitalismo. A la consulta de archivos, bibliotecas y visitas a museos etnológicos, etnográficos, antropológicos y de arte, se une el trabajo de campo y las herramientas en las que habitualmente desarrolla un trabajo práctico a través del dibujo, grabado, instalación, fotografía y técnicas analógicas fotosensibles como la cianotipia.

