Cuadro gris, Cristina Gutiérrez Meurs (2020)

ENTRE SILENCIOS: CUADRO GRIS

Cristina Gutiérrez Meurs

Figura 1. El Museo del Prado rinde homenaje a las artistas que fueron silenciadas en su día.

Día Internacional de la Mujer 2020. En la pantalla de mi ordenador admiro el fragmento de Estudio del natural (1) impreso sobre una lona magnífica desplegada tras las columnata de la fachada de Velázquez del Museo del Prado. Aprisionada entre dos de los fustes, ¿serán barrotes?, asoma el rostro de una dama que dedica su sonrisa a un público por-venir, sonríe al mundo. Se siente, al fin, reconocida en un santuario que, frente a los casi cinco mil pintores de su catálogo, incluye a una treintena de mujeres. Su creadora, Concepción Figuera Martínez y Güertero, escogió el seudónimo de Luis Lármig para que el lienzo pudiese ser juzgado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887 con independencia de que la rúbrica fuese magenta o cian. Como era de esperar, la obra obtuvo un meritorio certificado de tercera medalla, fue adquirida por el Estado y pasó a engrosar la colección del museo, algo que sin duda significó un premio sonoro para Luis y un triunfo privado para Concepción. Recorro con mi mirada el resto de la imagen. A los pies de la vela, en primer plano, empleados y representantes de la dirección de la pinacoteca se concentran con motivo de una fecha que ha originado debates incendiarios a lo largo de estas semanas de pandemia. El fuego parece controlado. 

Me posiciono ante una fotografía que bien puede ser leída en clave de titular —EL MUNDO DEL ARTE RECONOCE A SUS ARTISTAS Y EL MUNDO RECONOCE A LAS MUJERES— pero que ejemplariza las fisuras de un paradigma basado en el nosotros y ellas, y sobre el que he tratado de reflexionar sin prisa durante este paréntesis de clausura. 

Regreso de dar un paseo. El pregón de la nueva normalidad esboza una calle que ha perdido la voz. En la mochila cargo con el tocho de Historia del Arte que me ha prestado la hija de mi amiga: una edición reciente de un manual que se trabaja en segundo curso de Bachiller. En mi estudio conservo mi ejemplar del siglo pasado. Se trata de una impresión bastante anterior, misma editorial, con las tapas limadas por el paso de los años. Estoy impaciente, un cóctel de curiosidad y expectativas. Ya a salvo, cuelgo la mascarilla, se desempañan las gafas, me lavo las manos y coloco un libro junto al otro. Reparo en que a pesar del tiempo transcurrido se mantiene el formato. Las portadas son diferentes, eso sí. Comienzo entonces a recorrer las páginas de la versión del siglo XXI. «La obra de arte informa de la historia y se convierte así en un documento gráfico de un tiempo y un país, una cultura o una civilización. De ahí que su conocimiento sea indispensable para comprender el pasado» (2), se apunta en el primer capítulo. Avanzo y continuo revisando hojas que enseguida se transforman en cromos atávicos. Ella no sale, ni ella, ni ella tampoco, no, vaya, tampoco, no, no…, verifico, hasta que por fin localizo el nombre y apellido de una primera mujer artista. «El estilo de CARAVAGGIO fue seguido por José DE RIBERA, pintor valenciano afincado en Nápoles, y por Francisco RIBALTA, y una serie de pintores romanos y napolitanos entre los que destaca Artemisia GENTILLESCHI» (3), leo en el epígrafe dedicado a la pintura del siglo XVII. Arqueo las cejas. ¿Una serie de pintores? Las palabras, por presencia y por ausencia. Con un cierto grado de intriga, comienzo el recuento y al cabo de unos minutos me percato de que con los dedos de una mano ha sido suficiente. En toda la historia del arte de ese volumen que empollan estudiantes de diecisiete o dieciocho años, han sido rescatadas del confinamiento cuatro pintoras. Una, dos, tres y cuatro. No me caigo del guindo porque ya lo hice hace tiempo. 

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) encontramos diez definiciones para el término Historia (4). He aquí dos de ellas: 1. f. Narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados. 7. f. Narración inventada. 

La subsiguiente pregunta resulta obligada. Si la Historia, a partir de la primera acepción, se construye invisibilizando (¿para invisibilizar?) a las mujeres, ¿cómo será la mirada de las próximas generaciones de ellas y de ellos? ¿Cómo aprehenderán? ¿Masticando fechas, nombres, hazañas, grandes tragedias, horizontes, palabras que importan, ideas, concretas y abstractas, creyendo que UNA PARTE es EL TODO? Afirmativo. Porque si el relato se cimenta rellenando brechas como si fuesen baches y después se uniformiza el pavimento con una apisonadora bien escogida, no quedará rastro del olvido y nos encontraremos ante una narración inventada, ante una historia escrita con hache minúscula. Arquitecturas. 

Cierro un instante los ojos y trato de evocar este tiempo convulso sin mi música, sin mis libros, sin mis textos, sin el cine, sin los documentales, sin el teatro, sin mi arte, sin el cómic que me regalaron el día de mi cumpleaños entre paredes. Veo un vacío y me siento vacía. ¿Se pueden confinar los museos, los archivos, las bibliotecas, los monumentos y los establecimientos destinados al desarrollo de espectáculos o actividades de ocio, culturales o artísticas? No en Francia y no en Alemania, por poner dos ejemplos. Aquí, en este nuestro país, el binomio Arte/Cultura se ha visto obligado a bajar la persiana durante el interminable paréntesis entre la vieja y la nueva normalidad que ha culminado con un estribillo de agradecimientos. Dentro, estas palabras pronunciadas el 20 de junio de 2020 por el presidente del Gobierno durante su comparecencia para anunciar el fin del estado de alarma: «Gracias al mundo de la Cultura por demostrar su imprescindible valor social abriéndonos puertas, ventanas al pensamiento y al entretenimiento durante estas semanas tan largas de confinamiento» (5). ¿Imprescindible valor social? ¿Confinable aún siendo imprescindible? El mensaje chirría. 

En palabras de Farida Shaheed, ex Relatora Especial de las Naciones Unidas en el ámbito de los Derechos Culturales: «La expresión artística no es un lujo, es una necesidad, un elemento determinante de nuestra humanidad y un derecho humano fundamental que permite a todos desarrollar y expresar su humanidad» (6)

Dos ejemplos de silogismo: 

a) Los bienes esenciales son necesarios para el sostenimiento de la vida de las personas. b) El arte es necesario para el sostenimiento de la vida de las personas. c) El arte es un bien esencial. 

a) El arte es un bien esencial. b) Los bienes esenciales no se confinan. c) El arte no se confina. 

Sin embargo, ¿se puede afirmar sin empequeñecer la boca que la actividad artística no confina a las mujeres? Este instrumento imprescindible, ¿se sostiene sobre una estructura con techos de cristal? O dicho de otra forma, ¿no es cierto que este bien esencial ha sucumbido a una historia que se ha ido escribiendo de aquella manera? A la vista está que Arte y Cultura han sido y son víctimas de la gestión Covid, que el cierre de los museos ha puesto patas arriba todo el abanico de exposiciones, que el impacto económico repercutirá en las futuras muestras, que un número incalculable de empleos se balancea sobre una cuerda floja y que el efecto dominó está afectando, y va a afectar, a todos y cada uno de los sectores del entramado artístico. Pero también es cierto que las catarsis, en el gremio lo sabemos bien, pueden resultar constructivas si con ellas la realidad se desnuda. Hace unas semanas leí en Babelia, el suplemento cultural de El País, un artículo de la escritora Siri Hustvedt. «Las plagas son unos igualadores maravillosos siempre que les hagamos caso» (7), concluía. Al menos hay esperanza, me dije. 

Tras catorce semanas de crisis entre crisis urge lamentar y denunciar que esta sacudida nos ha recluido en compartimentos estancos que han acallado nuestra voz y nuestra presencia, convirtiéndonos en fantasmas, a todas y a todos, cubiertos por un manto uniforme que la propia norma ha urdido. Sin embargo, es importante matizar que esta prueba (y sus consecuencias) ha resultado más extraña y novedosa para unos que para otras, por la simple y llana razón de que las mujeres, artistas mujeres entre ellas, somos expertas en confinamientos. Esta pandemia ha causado dolor, desconsuelo, miedo, crispación y desconcierto. Pero también hemos visto solidaridad, energía, valor, responsabilidad y compromiso. Por ello quiero pensar que quizás este retiro obligado, inesperado, manoseado, fiscalizado, aprovechado y de consecuencias inconmensurables en lo que a la merma de derechos y libertades se refiere, pueda servir, ojalá, para entender con voluntad positiva el inapelable significado de la no- presencia, o lo que es lo mismo, de quedar fuera de juego por culpa (¡ay la culpa!) de unas reglas injustas, extrañas, intencionadas y atávicas. 

Antes de finalizar me sumerjo de nuevo en la página web oficial del Museo Nacional del Prado. Busco la exposición Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931) (8). Debería haberse inaugurado a finales de marzo pero quedó confinada tras la declaración del estado de alarma. La vida en metáfora. Previsiblemente habrá que esperar hasta mediados de octubre para poder disfrutar de la muestra. Tecleo: Concepción Figuera. Figuera Martínez y Güertero, Concepción (Luis Lármig), encuentro. Ver autor en la línea del tiempo, leo. Pincho. Una baraja de figuras protagonistas se despliega ante mí como un telón con olor a naftalina. Casi cuatro décadas de nuestro pasado recogidas en racimos de rostros oídos, leídos, vistos o aprendidos, todos ELLOS salvo uno: ELLA. 

Figura 2. Línea del Tiempo de Concepción Figuera Martínez y Güertero

Alguien dijo que una imagen vale más que mil palabras. 

—Veo, veo…
—¿Qué ves?
—Veo un cuadro gris.
—Es el eco de lo que no ha sido. 

Abro la ventana, el paisaje aparece desnudo. Una lona magnífica se despliega sin barrotes. Escucho una voz de mujer. ¿Será que el género ya no es la frontera?

Referencias (por orden de aparición)

1. Figuera Martínez y Güertero, Concepción (Luis Lármig). (1887). Estudio del natural. Óleo sobre lienzo. Madrid, Museo del Prado.

2. Triadó Tur, J. R., Pendás García, M. y Triadó Subirana, X. (2016). Historia del Arte. Barcelona: Vicens Vives, pág. 3

3. Ibíd., pág 255

4. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Edición del Tricentenario. (Actualización 2019). Recuperado de https://dle.rae.es/historia

5. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2019). Libertad artística. Recuperado de https://en.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/artistic_freedom_esp_pdf_web.pdf

6. RTVE Noticias. (20/06/2020). Última comparecencia del presidente Pedro Sánchez, con la que pone fin al estado de alarma. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=OTvfZKIAUsE

7. Hustvedt, S. (3/04/2020). Vivo con miedo, imagino el futuro. El País. Babelia. En portada. Recuperado de https://elpais.com/cultura/2020/04/03/babelia/1585933284_651296.html

8. Museo Nacional del Prado. Madrid. Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931). (2020). Recuperado en https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/invitadas-fragmentos-sobre-mujeres-ideologia-y/197d4831-41f1-414d-dbdf-5ffd7be4cc3f

 

Figuras

1. Empleados y representantes de la Dirección del Museo del Prado bajo la lona instalada con motivo del Día Internacional del Mujer en la Fachada de Velázquez. Fotografía © Museo Nacional del Prado. (Marzo 2020). Recuperado de https://www.museodelprado.es/actualidad/noticia/el-museo-del-prado-instala-una-lona-en-homenaje-a/d43d15a1-ae17-bb96-b8ee-6ef53ba7a3f6

2. Museo del Prado. Línea del Tiempo. Figuera Martínez y Güertero, Concepción. (Junio 2020). Recuperado de https://www.museodelprado.es/coleccion/linea-del-tiempo?layers=historical_context|||prado&layers- detail=PRADO_AUTORES|||PRADO_OBRAS|||WIKIDATA_CONFLICTOMULITAR|||WIKIDATA_MONARCAS|||WIKIDATA_POLITICOS&pInit=1872-1-1&pEnd=1905-1-1&search=http://museodelprado.es/items/E39_Actor_39c25553-508a-49b9-9eed-2e87d9b81f9b_990454aa-b1fa-4403-9ec2-e17c14b81d5f&pActive=73851

Cristina Gutiérrez Meurs. Artista plástica multidisciplinar y escritora formada en la Universidad del País Vasco y en Kensington & Chelsea College de Londres. En 1999 obtienen el HNC in Art and Design y en 2005 consigue la Beca de Artes Plásticas de la Diputación Foral de Bizkaia. Es socia de EmPoderArte.

Un encuentro con una víctima de la trama española del robo de bebés la lleva a escribir su primera novela: Lo que no me quisiste contar. En 2018 publica Eva no fue la primera, una historia centrada en la violencia atávica contra la mujer. 

www.cristinagutierrezmeurs.blogspot.com