«De los peligros de la acción antes del pensamiento», y de los peligros del pensamiento sin (la) acción, Alberto Díez Gómez (2020)

Para comprender la forma de este texto

Leo: de los peligros de la acción antes del pensamiento (1), y de inmediato pienso: y de los peligros del pensamiento sin (la) acción. El primer fragmento pertenece a Cicerón y recuerdo, también de inmediato, tener en casa un libro de Montaigne, Los ensayos (1595) (2) donde le dedica a este, al menos un capítulo. Efectivamente, capítulo 39: Consideraciones sobre Cicerón. Me dirijo a él, y nada más comenzar este, me remite al anterior, al capítulo 38: La soledad. Cicerón comienza a ser olvidado pensando en que la soledad sería un buen punto de partida para comenzar este texto. La edición que manejo de Los Ensayos es muy elaborada. En el cuerpo de texto aparecen identificados los diferentes estratos en que se escribió: aǀ lo que ya se encuentra en la edición de 1580, a²ǀ lo añadido en 1582, aˡǀ los fragmentos que aparecen en 1580, bǀ para el texto agregado en 1588, cǀ para el texto de 1595 y por último (cˡ) para las variantes del Ejemplar de Burdeos que no figuran en la edición de Marie de Gournay de 1595.

Para leer este texto

Pienso en lo sucedido en los últimos meses, los primeros de 2020, y decido revisar para esta ocasión el texto Aun cuando no se deja de hablar de arte, que había escrito para Arte y Monacato (Bilbao, 2018). Un libro producido junto a Mar Domínguez Quijada; ambos como MOA (Modelos Operativos Abiertos) grupo de arte. Se trata de una publicación coral (3) que toma el monacato cristiano como referencia de un modelo vital donde el oficio y la propia vida se hermanan, como dice Agamben, en una práctica incesante (Agamben, 2014, p.57). Esta publicación surgía de una fascinación ante la determinación del monje por el aislamiento en la sociedad de acuerdo con su necesidad espiritual de buscar a Dios, de darle alcance. Y nacía también por nuestro interés depositado en su trabajo intelectual y el camino de la fe, al que tendemos siempre; y aunque parezca un pedir perdón, desde una inquietud espiritual pero no religiosa.

Para la escritura de este texto he querido servirme de la nomenclatura utilizada por los editores de Los ensayos de Montaigne para diferenciar el original escrito en 2018: aǀ, lo implementado en esta ocasión: bǀ, y lo aportado por otras lecturas o notas propias que salen al paso de lo escrito: cǀ. El texto que sigue, por lo tanto, recoge los diferentes momentos de su escritura: su revisión y consecuente borrado, y su implementación actual. De ahí su forma.

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cǀ En estas soledades, sé una multitud para ti mismo… (4)

aǀ Sin ánimo de hacer una comparativa simétrica entre la vida que nos propone el monje y la del artista, ni entre monacato y arte; lo monacal, y la coherencia con la que lleva una actitud de vida hasta un sistema de organización, es un componente sugestivo para el arte y puede proponer aún una nueva vida, bǀ a través de una actitud renovadora.

aǀ No demasiadas veces se puede decir que la vida, la existencia íntegra, encaja y se corresponde con la realidad material. bǀ Lo hemos visto de una manera muy clara en estos meses: un desencaje de nuestra existencia con la realidad material que también es ecológico, un desencaje vital que también es, en extremo, existencial, sobre la propia existencia. aǀ El monacato como sociedad ha logrado lo que muy pocas: ordenar la vida y el hacer de sus miembros en uno solo y de conformidad con el medio natural. Todo ello se reproduce en la vida en comunidad, que es un tipo de vida en común; la regla monacal aglutina y ordena los aspectos de esta forma de vida humana.

cǀ Allí donde el alma está ocupada, lo está toda ella. (Montaigne, 2007, p. 324.)

aǀ La comunidad del monje plantea una radicalidad difícilmente asumible. Un compromiso sin fisuras, íntegro, a pesar del modo en que se organiza socio-económicamente el mundo. La comunidad es la forma de salvar un estado de existencia singular, que de otra manera quedaría disuelta, perdida entre todas las cosas. La comunidad evita la disolución, no solo del sujeto, de lo individual ―que también tienen cabida en la congregación―, sino de todo un sistema de observar y de vivir en el mundo. Evidentemente el «yo» tiene que retirarse en gran medida para hacer posible este modo de existir. bǀ Tiene que transformarse, no negarse, sino convertirse. aǀ Es una de las cuestiones que hoy se hacen extremadamente difíciles de asumir, de llevar a término y aun de alcanzar a comprender. La radicalidad se presenta como el logro de un estado de vivir en. Un cometido que les ocupa la vida entera, todo el tiempo natural del que disponen, bǀ desde la revelación, de la que hablan sin tapujos, hasta su muerte. No así la soledad imposible que busca Montaigne:

cǀ Ahora bien, puesto que nos proponemos vivir solos, y arreglárnoslas sin compañía, hagamos que nuestra dicha dependa de nosotros mismos; desprendámonos de todas las ataduras que nos ligan a los demás, forcémonos a vivir solos de veras y vivir a nuestras anchas. (Montaigne, 2007, p. 326)

aǀ La Regla se traduce en una relación dialéctica entre vivir y profesar (vida y oficio). Aunque permite una división clara entre las horas de oficio, descanso y labor, y la reproducción cotidiana de la vida, es dialéctica porque también permite desarrollarlas todas a la vez y de forma incesante, de tal manera que se orienten hacia una misma búsqueda: la palabra de Dios. Es el sentido último de la vida en comunidad: una dinámica integradora e interdependiente. Así, la labor no se impone sobre la vida, como ocurre frecuentemente en el mundo, ni la vida sobre el trabajo, porque están integradas a través de la Regla. bǀ Y así el monacato nos da pie para pensar nuestra situación, la situación que ya hemos comenzado a transitar y que nos coloca, sobre todo a los artistas, precisamente ante una cuestión que no es nueva sino que pertenece hasta ahora al encaje del artista en la estructura social; y que tiene que ver con esto: con la cuestión del trabajo y la división del tiempo. En la existencia del monje esto no se da de esta manera porque querer y vida natural han de llevarse a la vez.

Y aǀ ¿Cuál es el querer del monje? Voluntad y amor. (Voluntad + amor) empujan en la misma dirección hacia un tipo de querer. Pero, ¿quién sabe si el amor determine en último término a la voluntad y aun al conocimiento? Esta cuestión se revela esencial para comprender la determinación vital del monje y aun la de cualquier sujeto, que como él, interpone en su vida una actitud amorosa de vivir «conforme a».

Vida natural

Parece que en la comunidad monacal se proporcionan al menos tres sustentos fundamentales, transversales y cohesionados, que hacen posible la vida humana en toda su complejidad: un sustento espiritual a través de lo simbólico, un sustento humano a través de los conocimientos y un sustento de la vida natural, que sostiene toda la realidad. A ello se refiere el monje Sanromá, del que se recoge testimonio en Arte y Monacato. Cuando habla de la lectura en el comedor, dice que tiene una razón espiritual, «no solo de pan vive el hombre»; una razón cultural, «oír continuamente unas lecturas», meditarlas; y, lo que él llama una razón disciplinaria, «estar siempre hablando con las mismas personas… pues al final no se habla, sino que se murmura». En las lecturas no entra el sustento de la vida natural pero, efectivamente, Sanromá reconoce en ellas «un aspecto cultural y humano importantísimo».

La vida natural del monacato se mantiene aún sobre dos pilares más: el sustento ecológico del ser humano en su medio natural y con su cuerpo, y la interdependencia basada en el cuidado entre seres humanos. «Interdependencia» es la acción de ser dependiente, responsable, y de compartir un conjunto común de principios con otros. Mahatma Gandhi ―quien usó este término en 1929― afirmó que la interdependencia «era y debía ser el ideal de la persona, entendiéndola como autosuficiencia. Las personas, al conformarse como seres sociales, sin la interrelación con la sociedad no pueden notar su unicidad con el universo ni suprimir su egoísmo. En ese sentido, su interdependencia social les permite poner a prueba su fe». Efectivamente, el rasgo de esta palabra de sesgo sociológico involucra también a la vida monacal en el recogimiento de su existencia.

Con respecto a la ecología y la interdependencia, soportes esenciales de la vida, Yayo Herrero desarrolla un análisis impar, tremendamente sugerente y anclado a un discurso de sentido común que hace sonreír ante la verdad que plantea. En una conferencia pronunciada en el MACBA, (Herrero, 2017) decía: «La economía, la cultura y la política le han declarado la guerra a la vida». Herrero analizaba desde el eco-feminismo cuál era el lugar que se le había dado, desde los albores de nuestra civilización, a aquellas acciones que hacían posible la vida. Labores de cuidado de los cuerpos, de educación, de formación, de mantenimiento de las relaciones sociales, así como de los espacios y bienes domésticos delegados en el papel de la mujer. Y añadía: «Todas esas funciones de las que dependemos para sostener la vida son realizadas por sujetos; y utilizan recursos y procesos que son sistemáticamente invisibilizados, bǀ como ya se ha visto en el deseo de Montaigne. aǀ Cómo es posible ―se pregunta Herrero― que en una sociedad que se autodenomina la sociedad del conocimiento, se pueda ser tan absolutamente torpe como para invisibilizar, esconder y, en el extremo, destruir, aquello de lo que se supone que nos tenemos que mantener» (Herrero, 2017). De esta razón feminista se destila algo tremendamente interesante para el momento actual, para pensar en los modos en los que se ha establecido la posibilidad de la vida ―quizás un aporte para llegar a aprehender qué necesita una vida humana para poder ser ejercida con todo su peso. Hacer corresponder, en nuestro caso, vida y creación-pensamiento―. Plantea de manera esclarecedora la conformación original de un tipo de sujeto tremendamente sugestivo. «En la polis griega ―explica Herrero― el sujeto universal que se conforma, el sujeto que piensa, que decide y delibera, y toma decisiones sobre la vida en común, es un sujeto desgajado de la pura eco-dependencia y de la pura interdependencia. Es un sujeto que puede percibirse a sí mismo como emancipado de la naturaleza, emancipado de los otros seres humanos y emancipado de su propio cuerpo. Emancipación ficticia pero posible gracias a que existen otros sujetos escondidos que están en otros espacios manteniendo esas relaciones ficticias».

La imagen de este sujeto-hombre es fundamental para comprender no solo los términos sobre los que se asienta nuestra cultura, sino para reconocer la dualidad razón-naturaleza que marca, todavía hoy, y por largo tiempo aún, una manera de medir el mundo. «[En] los rasgos de la cultura occidental ―añade―, la cultura, lo humano, tiene mayor valor que la naturaleza y que los cuerpos como parte de esa naturaleza» (Herrero, 2017). Aún hoy, el sujeto que contribuye a la Cultura ―mujer u hombre― piensa y desarrolla sus funciones desgajado del medio natural y de las relaciones de dependencia; y todavía dirige, con soberbia, el resplandor del conocimiento alcanzado contra lo básico de la vida. Por eso dice Herrero que la economía, la cultura y la política le han declarado la guerra a la vida. Efectivamente, es una cuna de cierta arrogancia, de elitismo y, en el extremo, de clasismo imbuido en la política, en el arte, en la ciencia, etc. La Cultura le ha declarado la guerra a la vida porque (ya) no se ocupa de acompañarla. El divorcio de la vida con la naturaleza y con la sensación de dependencia se da ciertamente en toda la sociedad, especialmente en las ciudades.

bǀ Pues bien, llegado el momento actual, esto no solo se ha confirmado de manera teórica sino que se ha revelado en la realidad.

Pero toda esta evidencia que presenta Yayo Herrero, no habla sino exclusivamente del sustento material de la vida, que no debe obviar otros sustentos vitales (lo hemos dicho ya): los sustentos espirituales, simbólicos… Los sustentos que para mí provienen del arte, de la poesía etc. ya que, nuevamente, no solo de pan vive el hombre. Es importante, precisamente ante la crisis total que empezamos a vivir, no olvidar el materialismo de la existencia pero tampoco desoír los otros sustentos que también hacen posible que la vida sea ejercida con todo su peso que, sin necesidad de grandes trascendencias, son en las que vivimos algunos. Herrero olvida, ―o quizá nos olvidamos al escucharla―, buena parte de lo humano más allá de los cuidados de la materia. Ya que no solo de cuidados vive el alma.

cǀ La trascendencia como un aprendizaje incorporado, además del materialismo. Hay personas que encuentran en la trascendencia religiosa la trascendencia de la promesa (Montaigne) y yo empiezo a creer en la trascendencia no revelada, pero sí de la pequeña cosa. No en la trascendencia de sí: a la muerte o a la vida, sino en la trascendencia, o como quiera llamársela, que se sostiene en la fe y que transforma todo el existir. Lo diré: cada vez siento más respeto por la fe religiosa de los que creen porque transforman su existir. La Confesión de San Agustín, en la tradición cultural europea, por ejemplo. La conversión de la vida para María Zambrano.

La trascendencia a lo cuantificable de nuestra realidad que como dice Imanol Esperesate es, o de puro trabajar, o de puro ocio, sin más opción. Pobreza que se ha mostrado terrible en el confinamiento del siglo XXI.

aǀ El monacato se desvela como una organización en la que la propia existencia encaja, y se corresponde con la realidad material y con el contexto cultural que la hacen posible. Una organización que hace del monacato una excepción en el entramado social de occidente a lo largo de los siglos.

bǀ Ora et labora, dice la Regla de San Benito o: reza con el trabajo o, trabaja con el rezo, en esta forma tan política de trabajar. De aquí que a la frase de Cicerón «de los peligros de la acción antes del pensamiento» haya que añadirle su dirección contraria: de los peligros del pensamiento sin (la) acción; sin hacer. Pensar sin asideros, sin límites.

De aquello austero que no nos queda sino recuperar (9)

Después de lo ocurrido, ya lo sabíamos antes, habría que volver a una austeridad que no sé si recuperaríamos o reinventaríamos. Austeridad material y austeridad de los haceres, de las actitudes, de los procederes etc. Honestidad, humildad y silencio, que se decía en Arte y Monacato, son palabras que salvan y también castigan. ¿Cómo decirlas sin provocar la risa, sin ser señalado?

aǀ La respuesta monacal es aquí una gran metáfora que proporciona dos herramientas genéricas que pueden servir de inspiración al arte de nuestro tiempo: una estructura de organización; una alternativa que deja fuera a la Cultura, al tiempo que potencia las posibilidades de su profundo desarrollo contra el desasosiego y contra el ninguneo de la vida en los sistemas. Y, bǀ más importante aún, aǀ una correspondencia de la práctica con la forma de vida; la conversión de la vida, en la práctica incesante. bǀ Ambas a un tiempo. Pero ya hoy decir de lo monacal que es una metáfora, tan solo eso y dejarlo ahí, parece como dejarlo en nada. Realmente es quitarle el peso que ha tenido, y tiene para mí, en la comprensión de la vida y del hacer artístico. Es pues una respuesta metafórica, la metáfora quizás irrealizable del monje para el artista, sin que esto disculpe su potencialidad transformadora.

Si se toma la lección que el monacato apunta desde sus orígenes, el arte puede revelarse como una actitud de lo llano. Que el arte se revele como actitud no es un asunto novedoso; lo novedoso, quizá lo diferente, estaría en una actitud de lo llano, de lo sencillo. Una actitud de reducción. Quedarse con menos, conformarse o renunciar. Esto va en contra de lo que el sistema del arte exige y en contra también de los fines que muchos artistas persiguen. Pero que el arte se convierta en algo tan reducido, tan severo como «una actitud», lo convierte en algo no difícil de mercadear, pues hoy la inmaterialidad es un gran mercado, pero sí en algo difícil de reprimir, de impedir, de exhibir. Es algo que se queda inmediatamente fuera de toda legitimación. En alguna ocasión, mi compañera Mar ha dicho algo así: «lo que nos queda es saber que el arte nos acompaña en todas las facetas de la vida» bǀ y esto se ha revelado ahora como una posibilidad inmensa, como un exilio interior incorporado a voluntad.

cǀ La fe es importantísima y tiene dos recorridos: el de transformar la vida: vivir atravesada por la fe, como una flecha dispuesta a hacer diana (en lo verdadero); y el recorrido opuesto: protegerse de cuanto pueda ocurrir, último reducto para ser (en lo real).

aǀ Para esto el arte no depende de nadie, bǀ o mejor dicho, depende de una manera puntual, más igualitaria o menos atropellada; aǀ y sin embargo no vale cualquier cosa. bǀ Decir esto es confiar en la honestidad del artista, y reconocer a la vez las formas que en cada época vienen a constituirse como un discurso, como las palabras en este caso:

cǀ Mientras dura un ciclo histórico, hay palabras que permanecen en una determinada visibilidad y que corren de boca en boca; son los tópicos de esos siglos. Sus sentencias, por lo tanto, son condenatorias por lo general. Y hay también palabras escritas, y que, como escritas, se repiten apaciguadoras y sabias, que marcan el límite; un cerco vienen a formar todas ellas que muy pocas gentes trascienden.

(Zambrano, 2019, p. 117)

aǀ Bajo esta situación la actitud del arte se queda con lo más sencillo, desprendida de cualquier afán de éxito, al tiempo que se alza como un asunto profundo, complejo y polémico. Un asunto interior, personal; y un asunto común basado en la enseñanza bǀ de las cosas. aǀ Con este ejercicio de reducción el arte puede operar atendiendo a la dimensión de lo humano y después a la dimensión de una comunidad de proximidad. Toda esta reducción infunde una situación con tintes de clandestinidad bǀ y retiradas voluntarias del mundo.

aǀ Sería equivocado enfocar la cuestión del monacato y del arte como si se tratara de elaborar una ficción sobre el arte en un sistema monacal, o como si se tratara de imponer un tipo de arte frente a otros. El arte, que es un eterno proceso, quizás habría que sustituirlo en este texto por artista, por el sujeto de la acción.

cǀ María Zambrano durante las Misiones Pedagógicas de 1933 «proyecta con Rafael Dieste llevar a la realidad el sueño de una comunidad de amigos dedicados al pensamiento y a la escritura; sueño de comunidad ―el sueño de una comunidad de iguales se dirá más adelante― que, (…) le va a acompañar hasta los últimos días de su vida.»

(Moreno Sanz, 2019, p. 39)

bǀ Se dirá, que no es lo mismo, que Zambrano no fue artista, pero hubo en ella el mismo afán de retirada, siendo filósofa-creadora como fue.

aǀ Esta actitud es el austero que se ha ido entrelazando, velando y perdiendo, a veces, entre tanta demostración y despliegue, entre tanto entusiasmo de todos. Es una actitud que tiende al estoicismo;

porque el estoicismo es el único patrón que el hombre se ha dado y que coincide con el hombre mismo; es la única medida en que el hombre no intenta sobrepasarse, y en verdad es que esto nos resulta muy poco humano. En rigor es lo que pasa con todo humanismo: parece nacido de otros seres que no de hombres. Y la única explicación viable, es que proviene de un momento de desengaño, que es una contestación al poderío, a la riqueza, a la cultura. Es un: ‘pero yo me he de morir a todo esto’.

(Zambrano, 1987, pp. 86-87)

bǀ El retiro del mundo no es sinónimo de soledad, y menos lo es aún de la soledad de Montaigne, del retiro anciano, diletante y hedonista, de quien puede. No podía estar más equivocado al decir que «ciertamente, el hombre de entendimiento nada ha perdido si se tiene a sí mismo» (Montaigne, 2007, p. 327) No así el Tibulo que él mismo recordaba: en estas soledades sé una multitud para ti mismo.

*

El arte del confinamiento, el que hemos pasado y los que nos esperan, poco tiene que ver con el retiro de los monjes. El nuestro se ha parecido mucho más a nosotros mismos, a todo lo demás que vivimos; desprovisto de ritual, desacralizado, técnico, tecnológico y fundamentalmente no voluntario. Los días de encierro me pillaron en el paro, trabajando, escribiendo, con la tesis. No fueron muy distintos a los anteriores, y pienso que tampoco lo fue para otros compañeros hechos al encierro, algunos de los cuales se instalaron el taller en casa o se dedicaron a hacer otras cosas que no requerían de mucho espacio o, simplemente, hicieron de otra manera. Somos personas acostumbradas a la renuncia.

Algunas notas finales

Dicho todo lo anterior es evidente que el confinamiento del siglo XXI no es el del monje que libremente decide su encierro y como se ha dicho al comienzo no se ha pretendido hacer el ejercicio de esta comparación vaga a fin de retorcer el discurso. Pero la enfermedad sí nos ha puesto ante el encierro, y ahí, ante su aceptación o aprovechamiento, o ante la ansiedad y la desesperación. Se habla aquí de la realidad que se ha vivido sin querer mencionar el dolor y la muerte, tan solo ―se entiende bien― como un momento excepcional en el que la vivencia de la realidad nos ha despertado de nuestro propio sueño.

Pero el encierro en sí mismo, olvidando por un momento su preocupante origen, alberga una enseñanza. Las carbajalas de León (10) decían: «si no estuviéramos en el monasterio estaríamos destruyendo nuestro propio ser.», lo que da una medida de la importancia del encierro para el desarrollo espiritual e intelectual de sus vidas. «El estar aquí ―continuaba una de ellas― es para entenderme a mí misma, no es tanto buscar a Dios como entenderme a mí misma frente al fuerte sentimiento de impermanencia. En la vida todo pasa, por eso buscamos algo que no pase. Algo que no va a faltar nunca». Y aquí veía dos cosas: por un lado un principio de la naturaleza del artista (sin caer en genialidades) que vive por no destruir su propio ser; por otro, un algo que pensar sobre el sentido en el arte: la fe, de nuevo, la búsqueda incesante contra el sentimiento de impermanencia. Puesto que en la vida todo pasa, y trabajamos por no destruir nuestro propio ser ¿Cuál es el nuestro confinamiento (real y simbólico)?

Dejo este texto preparado antes de empezar un trabajo como celador en el Hospital de Basurto. Las partes se encuentran.

(1) Así dice el texto de la convocatoria de BilbaoArte Entre silencios que nos invita a escribir en junio de 2020. Frase atribuida, según este texto, a Cicerón advirtiendo ya la descomposición del Imperio Romano.
(2) A pesar de que esta fecha es la de la edición realizada por Marie de Gournay, se trata de un texto muy estratificado con una edición en 1580 y sucesivos añadidos en 1580, 1582 y 1588.
(3) Además de textos propios de MOA, esta publicación se compone de textos de Semíramis Gonzalez, Jordi Claramonte, María Ptqk y Rita Sixto.
(4) Tibulo (citado en Montaigne, 2007).
(5) Zambrano, 1987, p.99
(6) Ibíd.
(7) Interdependencia. (s. f.). En Wikipedia. Recuperado en junio de 2020 de https://es.wikipedia.org/wiki/Interdependencia
(8) La investigación de Yayo Herrero se centra en la crisis ecológica actual derivada del modelo de desarrollo y producción capitalista, que aborda desde las perspectivas de la antropología social y la ingeniería agrícola. Su militancia en el activismo ecofeminista le ha llevado a coordinar Ecologistas en Acción y a participar en numerosas iniciativas sociales sobre promoción de los Derechos Humanos y ecología social.
(9) El título original de este apartado es: «De aquello austero que se ha ido quedando». (Díez, 2018, p. 210)
(10) Las notas que siguen fueron tomadas en nuestro primer retiro voluntario en el Monasterio de Santa María de Carbajal, León, que ha sido hasta el momento la primera residencia en monasterios proyectada por Modelos Operativos Abiertos y financiada por EREMUAK. La segunda, que iba a realizarse en abril de 2020, fue suspendida por la irrupción del Covil-19 y el decreto de estado de alarma en España.

Alberto Díez Gómez (Bilbao, 1991) estudia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco donde se gradúa en 2009. Desde 2014 desarrolla junto a Mar Domínguez, su labor artística en el grupo Modelos Operativos Abiertos (MOA) con el que editó y publicó Arte y monacato (2018). Actualmente se centra en la tesis doctoral que investiga la naturaleza de la escritura poética como producción artística integral, tomando como metodología de trabajo la investigación artística basada en la práctica. En los últimos años ha publicado diferentes textos como Aimar Pérez Galí; una raíz del desencuentro entre la práctica y la teoría en arte, en laSIA (2018), o «No hay mucho documento escrito, pero hay mucha memoria» se declara en algún sitio, memoria(k) (2020). Ha participado en congresos como el Encuentro de Arte y Escritura, Centro Cultural Montehermoso (Vitoria-Gasteiz, 2018.); o el Seminario III. Oteiza: naturaleza-laboratorio-Naturaleza, Centro Bitoriano Gandiaga, (Arantzazu, Gipuzkoa, 2019). Recientemente ha coeditado, junto a Imanol Esperesate, memoria(k) (2020). Desde 2018 forma parte del grupo de escritura TXT-Lab, Campo de pruebas para las relaciones que se establecen entre arte y texto, (UPV/EHU).