Llamo a A., Txema Agiriano (2020)

A ha pagado ya los diez mil euros del cuadro de RV. En cuanto vuelva a Bilbao se lo tengo que entregar.

Regreso a Bilbao desde Montreal vía Múnich el 12 de marzo. Me retrasaron el vuelo Múnich-Bilbao. Al menos, el aeropuerto de Múnich siempre me ha gustado. Hay buena cerveza y salchichas a precios razonables. Qué importa que sean las 11 de la mañana.

En Canadá la gente no parecía asustada por el coronavirus. Nadie hablaba de ello. Comisarié una exposición con artistas vascos en Perté de Signal. Nos conocimos a través de un programa de colaboración Quebec-Euskadi. La inauguración fue todo un éxito. Acudió bastante gente y les encantó la exposición. Tomamos cervezas artesanas locales PWYW. A mí me invitaron. Pusieron también unos aperitivos japoneses.
Mi primer día en Montreal, después de hacerme una ruta por la ciudad y ver alguna exposición, a la noche me fui a un concierto. Tocaba Martin Tétreault con otra gente local. Un bolo de música experimental al lado de casa. Al igual que en Bilbao, en las ciudades que visito, me gusta tener cerca las cosas que me interesan. Walking distance. Como no sabía cómo funcionan las cosas allí, acudí puntual al concierto. Solo estaban los músicos y me puse a hablar con Tétreault. Cuarenta años de carrera internacional le han dejado el poso para ser una persona seria pero realmente amigable. Tiene el culo pelado. Es artista visual, con formación en Bellas Artes y músico experimental. Tras nuestra conversación le ofrecí mi mano, que se negó a chocar aduciendo que había estado acatarrado y no me quería contagiar. No le di importancia. Pensándolo después, en la soledad del confinamiento, creo que temía contagiarse con mi posible coronavirus llegado de Europa. Cuando acabó el concierto, recogió su tocadiscos portátil y, casi sin despedirse de nadie, me invitó a ir con él y una paisana suya a tomar unas cervezas. 

Ya en Bilbao parece que en unos días no podremos salir de casa.
No importa. Tendré tiempo para recoger la maleta, limpiar la casa, ordenar ideas y papeles. También para hacer llamadas y preparar nuevas acciones. Está pendiente el festival de Cannes, la residencia en Italia, el nuevo proyecto en Quebec… Finalmente, todo cancelado.

Pero, sobre todo, es tiempo para leer.

En mi apartamento tengo un mirador que da a un patio de manzana. Con buen tiempo resulta un espacio muy agradable donde pasar las horas entre libros. Bartleby y compañía y París no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas, Los autonautas de la cosmopista de Carol Dunlop y Julio Cortázar, Hacia la poesía total de Adriano Spatola, El río de la conciencia de Oliver Sacks, Vértigo de W.G. Sebald, Plataforma de Michel Houellebecq. Y leyendo muy poco a poco, para que no se me acabe, Malformalismo, de Txomin Badiola. Así es mi primer mes.

Soy seguidor del canal de Youtube de Fernando Castro Flórez. Él lee varios libros a la semana, que luego comenta en sus vídeos. Pensé en la cantidad de libros leídos cuando una persona que se dedica a enseñar a otros a escribir, contaba en las redes sociales que en el primer mes de confinamiento se había leído cuatro libros. Es lo que tienen las redes… Como lo del colega que colgaba con orgullo la foto de los pelos que se había quitado de la nariz. ¡Y ponía una foto! No necesito conocer los pelos de nadie, ni saber cómo el novio de esa chica solo disfrutaba cuando le hacía vomitar introduciendo su pene en su garganta. Ni saber que una persona que imparte talleres de escritura, estando en confinamiento, se siente orgullosa de haber leído cuatro libros. Prefiero no saberlo.

También muchas películas. Y algunas series. 

Llamo a A por si podemos organizar la entrega del cuadro de RV. RV es una artista rusa, con la que tengo amistad, que me ha dejado el encargo de hacerlo. A está desesperado porque ha bajado la bolsa y tiene que intentar salvar su dinero. En este momento el arte no es una de sus prioridades.

Hace un año y pico vi a Laura Diez haciendo unas rutas en bicicleta por mi barrio con unos extranjeros que parecían bastante majos. Le pregunté si yo también podría hacerlas enseñando la historia del arte en San Francisco desde los 80 hasta ahora. Ahora, cuando alguien tiene interés y estoy disponible, suelo hacerlas. Lo organiza la gente que alquila bicicletas y hace tours desde la calle Villarías. Como con el confinamiento no es posible organizar rutas guiadas presenciales deciden organizar rutas guiadas online. Una tarde, después de comer, nos vamos todos a París. Con el proyecto listo, algunos de nosotros enseñamos a nuestros amigos en el extranjero Bilbao desde casa. Hey! Pero tomando una gilda y un txakoli.
Cuando enseño Bilbao a la gente algo que siempre me gusta mostrar es la escultura de Jorge Oteiza Variante Ovoide, que está frente al ayuntamiento. Es una de las últimas obras que hizo antes de abandonar la práctica escultórica y pasar a dedicarse a crear un nuevo pensamiento a partir del alma vasca. Me encanta contar cómo los jóvenes artistas peregrinaban a su casa, en un entorno natural, para escucharle. Esta escultura es una obra viva. Los skaters patinan sobre ella. Resulta que Joseba, un compañero que hace tours, grabó hace años un videoclip con un patinador australiano patinando en la escultura. Joseba y yo comentamos que a Oteiza le habría encantado.

Y, mientras tanto, leyendo a Txomin Badiola. ¿Quién no ha leído su libro en estos meses? 

Voy a visitar a Alberto para llevarle unas cosas a su lock out, que es más severo que el mío. Me prepara un pintxo gourmet con unas raspas de antxoa y una col coreana. El año pasado estuvo allí con la beca de BilbaoArte. Volvió emocionado con aquella gastronomía. Hablamos de lecturas, como tantas veces. Riendo me dice que el libro de Txomin es el best seller del arte vasco durante el confinamiento. Yo también lo pienso. Bastantes de los artistas a los que conozco han estado leyendo este libro. Los virus han circulado de estudio en estudio y de casa en casa acompañando Malformalismo. Algunos de sus personajes, como O, se me aparecen fuera del libro. También su hermana, con quien me cruzo a menudo a la hora del paseo oficial, esas horas a las que es legal ir a caminar. Viendo los vídeos de Castro mientras hago flexiones y estiramientos en casa, sus personajes vuelven a aparecer. Pero ahora tienen nombres y apellidos en lugar de iniciales. Aprovecho para escuchar la conversación de Badiola con Alicia San Juan en su presentación del libro en Tabakalera.

Casi se me han acabado los libros físicos que tenía en casa y que me apetecía leer o releer. Todavía es mal momento para ir a comprar. Tengo un montón pedidos en ReRead, pero no sé si tienen abierto. Por suerte existe un montón de dominio público, que puedes descargar en las redes, y otros muchos, en academia.edu.

Aparece Sopa de Wuhan, menudo título. Alguno de los ensayos ya los había leído en internet. Pero no deja de ser un libro interesante, donde vemos diferentes análisis referidos a esta crisis. Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, ByungChul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado. Lectura obligada para el confinamiento.

Animado por Anaïs, con quien también suelo hablar de libros, leo a Bruno Latour. Republiqué en FB una entrevista que le hicieron en El País y la compartió un montón de gente, de lo cual me alegro un montón.

Me llaman para contarme que el ayuntamiento tiene previsto sacar unos cuantos proyectos para apoyar al mundo del arte local. Qué puedo hacer sino alegrarme. Los artistas están desesperados. Las residencias se han pospuesto y las galerías no pueden vender sus obras. Cuando Garikoitz publica en FB que “el Guggenheim ha decidido que este curso y el próximo va a dedicar la millonada que se suele gastar cada año en dos o tres obras de arte de franquicia (por ejemplo, unas bolitas de Kapoor y una araña de Bourgeois como las que pueden verse en tantos otros museos) a comprar decenas de obras maestras de artistas locales…” muchos artistas vascos se lo creen. En esos días tuve algunas reuniones con artistas con mascarilla y con pena les tuve que decir que eso era una broma de Gari. Ojalá no lo fuera. 

Con el cierre de galerías y todo tipo de exposiciones los artistas comienzan a activarse en las redes. En Instagram es toda una explosión. Liane vive en Londres. Gracias a la gran política de Boris Johnson allí las medidas de distanciamiento comenzaron más tarde que aquí y el metro circulaba lleno de gente sin mascarilla. Ella no viaja en metro, pero al final ha pillado el virus y se aburre como una ostra en su casa sin poder salir. Mientras tumbada en su sofá, dolorida, tapada con una manta y tomado infusiones se va recuperando poco a poco, se le ocurre crear un proyecto en Instagram para interactuar con otros artistas. Se pone en contacto con ellos y les propone hacer un vídeo en el que hablen sobre sus lecturas en este extraño momento. De paso, mostrar su obra y, tal vez, venderla. Cuando lleva ya unos días con esto, me pregunta a ver si me animo a colaborar seleccionando a algunos artistas de Bilbao para el proyecto. A Liane le gustan las lecturas que aconsejan y le hacen mucha gracia los diferentes acentos en los vídeos de los bilbaínos. A mí me gusta ver cómo los artistas de aquí han utilizado su creatividad para crear propuestas diferentes: Mawa pone al ordenador a leer su texto; David nos habla desde su bicicleta; Carlos lo hace con voz en off; y la presentación tan bonita que hace Raquel Asensi con ese final recitando a Chantal Millard… Hay buenas recomendaciones de libros, como Lingo de Gaston Dorren que nos propone Amaia Molinet y El Enemigo conoce el sistema de Marta Peirano, prologado por Edward Snowden, que nos propone Alberto Lomas. También El Maestro y Margarita de Mikhail Bulgakov que nos sugiere Erika Ede. Curiosamente, durante estos días Liane hablaba del mismo libro en la entrevista que le hicieron en www.loewecontemporary.com. Y mientras estaba escribiendo esto vi la película francesa Un amour imposible, donde uno de los personajes le regalaba a otro esta misma obra de Bulgakov.
Naturalmente, he aprovechado para leérmelos.

La policía asesina en Estado Unidos y en Europa van cayendo monumentos que jamás deberían haber existido. En su vídeo Mawa nos enseñaba sus monumentos origami de papel dibujados con tinta china y cemento, y también los monumentos en las películas de ciencia ficción que ha dibujado para convertirlos en serigrafía. Ha estudiado realmente este tema y seguro que le emocionará aún más que a mi lo que está ocurriendo.

Buscando mi feedback, Liane Lang me pasa un pdf de Glorious Oblivion, el próximo libro que va a publicar. Son imágenes de estatuas de mujeres en espacios públicos. Algunos de estos trabajos los realizó durante su estancia en BilbaoArte. Desde su práctica artística trabaja interviniéndolos. Reflexiona e ironiza.
En Bristol la estatua del esclavista Edward Colston la han tirado al agua del puerto. Ella dice que, a modo de Vergangenheitsbewältigung, se podrían organizar visitas turísticas con gafas de bucear para visitar la estatua. Se lo voy a proponer a Aitor para hacerlo desde Tourné. Bueno, este tour igual lo tenemos que hacer también online. Pero, si a alguien se le ocurre volver a tirar la cabeza de Unamuno a la ría, también lo podríamos hacer en Bilbao. Ahora, que durante los paseos oficiales su querido Paseo de los Caños cada día parecía el Ibilaldia, puede ser buen momento para recordarle:

“Ni otro paseo, como los Caños…” “Al fijar en él su planta por primera vez el viajero, no puede menos de sobrecogerse su ánimo en vista del imponente espectáculo que se le ofrece: a cada paso que le introduce en aquel sombrío recinto no puede menos de detenerse conmovido y admirar con detenido recogimiento el panorama asombroso de una naturaleza tan imponente como severa. Peñascos salvajes, de donde caen el espinoso ramaje de mil plantas parásitas, el enmarañado tejido de las madreselvas silvestres y hasta la oscura sombra que proyectan los elevados chopos del Morro y Porgirón dan ha (sic) aquella mansión un aire terrible capaz de inspirar con santo recogimiento que no deja de tener atractivo para los que apartándose del movimiento de las ciudades sólo buscan la paz interior.” 

Llamo a A. Se ha puesto malo. Aún no puedo entregar el cuadro…

Txema Agiriano. Bilbao, a 21 Junio de 2020

Txema Agiriano. Experto en arte y nuevas tecnologías. Investigador y comisario de arte. Desde 2002 es responsable del festival internacional de arte experimental MEM y desde 2011 del festival internacional de cine experimental Bideodromo. 

Comisariados destacados recientes: Perte de signal. Montreal (Quebec) 2020; Pugnant Film Series. Atenas (Grecia) 2019; The 2nd Balkan Can Kino Film Symposium. Atenas (Grecia) 2019; Blanca Ortiga. Centro de Arte Moderno Tetuán (Marruecos) 2019; Anaïs Boudot. Facultad de Bellas Artes. Tetuán (Marruecos) 2019; Meminisse. Myymälä2 Gallery. Helsinki (Finlandia) 2018; Alberto Lomas. Centro de Arte Moderno Tetuán (Marruecos) 2018; Architekturforumoberösterreich. Linz. (Austria) 2017; ZSenne art lab. Bruselas (Bélgica) 2016; 4bid Gallery, Amsterdam (Paises Bajos) 2016; Verge Gallery Sydney (Australia) 2014.

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